Page 156 - Hijos del dios binario - David B Gil
P. 156
Daniel nunca había pisado Tel Aviv. Había
visitado Jerusalén algunos años atrás, pero en
aquella ocasión no tuvo oportunidad de conocer la
que estaba considerada capital financiera de Israel.
Ahora descubría que, pese a la escasa distancia
entre ambas ciudades, se hallaban en dos
continentes distintos: una era vieja y solemne, de
un misticismo milenario, puro Oriente Medio,
mientras que la otra bebía directamente del
Mediterráneo y le gustaba verse reflejada en el
mismo espejo que Mónaco o Barcelona.
La tarde era luminosa, y mientras el taxi
recorría las avenidas de edificios blancos, Tel Aviv
le sonreía con un sol cálido y una brisa salada. El
navegador automático detuvo el vehículo en la
misma puerta del Hotel Cinema, junto a la gran
plaza en la que desembocaba la calle Dizengoff. Lo
primero que hizo tras registrarse fue tirar el
equipaje sobre la cama y salir a dar una vuelta
antes de que anocheciera.
El verano aún iluminaba los rostros y los
veinticinco grados que templaban la tarde
animaban a largos paseos y a charlas
despreocupadas. Daniel vagó sin rumbo fijo, con la
intención de perderse mientras observaba a las
156

