Page 158 - Hijos del dios binario - David B Gil
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vuelve del desierto tras haber sido iluminado por la


           verdad.  Pero  esa  no  es  la  auténtica  soledad,  es


           apenas un instante en el que pierdes de vista lo que


           te  rodea.  Cuando  estás  realmente  solo,  eres  un



           visitante de paso en tu propia casa, un extraño al


           que nadie espera y que siempre llega por sorpresa.


           Es  algo  que  no  te  sacudes  como  el  polvo  de  una


           travesía,  sino  más  bien  un  pesado  manto  del  que


           resulta difícil desprenderse: lo llevas escrito en los


           ojos,  impregna  tu  sonrisa  y  espanta  a  la  gente


           cuerda alejándola de ti.









                  Tomó  un  desayuno  frugal  en  la  cafetería  del


           hotel,  sentado  en  una  mesa  apartada  mientras


           consultaba  algunas  páginas  en  su  móvil:  la  del


           Ministerio de Defensa israelí, la web de las FDI[4] y


           la del Mando del Ejército de Tierra. Tal como había


           previsto, no había información útil en ninguna de


           ellas,  todo  era  imagen  y  propaganda.  Cerró  el



           navegador web y ejecutó una aplicación de nombre


           Hack  &  Slash:  una  herramienta  clandestina  de


           aspecto  tosco  pero  que,  en  las  manos  adecuadas,


           resultaba  sumamente  útil.  La  mera  posesión  de


           aquel software suponía un delito en muchos países,


           aunque  lo  cierto  es  que  no  recordaba  si  Israel  era




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