Page 157 - Hijos del dios binario - David B Gil
P. 157
muchachas que charlaban distraídas en las
concurridas terrazas de estilo bauhaus de la
Ciudad Blanca de Tel Aviv; sus risas espontáneas y
sus largas piernas morenas eran cantos de sirena
para él, que de buen grado habría naufragado en
alguna oscura bahía para olvidarse de los negocios
que le habían llevado hasta allí.
Su tarde concluyó en Frishman Beach, tomando
un cóctel en uno de aquellos salones abiertos al mar
en los que se pinchaba música ambiente para
acompañar la puesta de sol. Iba por su tercer gin
sour cuando decidió que ya había tenido bastante.
Apartó la copa a un lado y se reclinó sobre la mesa
con la barbilla apoyada sobre el puño cerrado. Una
fina línea de luz solar aún subrayaba el horizonte, y
Daniel la observó mientras se diluía por completo
en el mar hasta hacerse de noche. Entonces se
preguntó cuántas puestas de sol había visto a solas;
quizás fuera el karma, o simplemente la
consecuencia lógica de las decisiones que había
tomado a lo largo de su vida.
Con el tiempo había descubierto que la
«soledad deseada» es un concepto atractivo pero
equívoco, porque implica la posibilidad de retornar
al mundo en cualquier momento, de regresar a
algún sitio donde te esperan, como el profeta que
157

