Page 176 - Hijos del dios binario - David B Gil
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Nueva Delhi.
Poco a poco el cielo se fue oscureciendo, hasta
que resultó imposible seguir leyendo con luz
natural y decidió cerrar el libro para buscar nuevas
distracciones. Se dio una larga ducha, se vistió y,
antes de salir de la habitación, comprobó que el
desvío de llamadas seguía activo.
Cenó en el propio restaurante del hotel y volvió
al mismo local de Frishman Beach donde había
estado la noche anterior. Era más tarde y el
ambiente del local había cambiado: la lánguida
música electrónica que acompañaba las puestas de
sol había sido reemplazada por melodías rítmicas y
sugerentes, y el aire latía con samplers de sonidos
étnicos que movían a una especie de euforia
colectiva. Tampoco quedaba rastro de la elegante
media luz empleada durante los atardeceres; en su
lugar, ahora la oscuridad bullía con fuegos
artificiales holográficos y las paredes mostraban
inmensos primeros planos de los ocupantes de la
pista de baile.
Nunca le habían interesado las discotecas, las
consideraba incómodas y estruendosas, una
sobreexcitación sensorial que, en ocasiones, se veía
agravada por los estimulantes aéreos que algunos
locales diseminaban a través de la ventilación. Pese
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