Page 173 - Hijos del dios binario - David B Gil
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hubieran optado por el soporte impreso «anti
espías». Por último, los documentos llegaban a
Solomon Denga, el hombre que, suponía, se
encargaba de las operaciones de campo. Era un
proceso estandarizado, una máquina que solo
giraba en un sentido, de modo que, si fallaba un
engranaje, se pudiera localizar fácilmente el
problema y repararlo. Todo el mundo conocía sus
competencias y se ceñía a ellas. El problema es que
un sistema ideado para funcionar bien en el
ochenta por ciento de las situaciones, puede
funcionar muy mal en el veinte por ciento restante.
«David Samir había desaparecido cuarenta
años atrás, en una época en la que los individuos
no dejaban una huella digital tan perceptible»,
meditó Daniel, mientras caminaba a
contracorriente entre la multitud, su mirada
saltando de un rostro a otro. «Insistimos en buscar
en bases de datos digitales porque esa es la forma
de investigar en la actualidad, porque en pleno
siglo XXI es imposible pasar por el mundo sin dejar
un rastro electrónico; pero este hombre nació en el
siglo pasado y desapareció en los primeros años de
esta era, cuando mucha gente aún vivía ajena a la
comunicación en red». En ese caso, si la inteligencia
israelí había hecho desaparecer todo rastro en los
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