Page 196 - Hijos del dios binario - David B Gil
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navegador; lo validó, pagó el cargo de antemano y


            por fin pudo relajarse durante un instante.


                  El vehículo se sumó con suavidad al tráfico de


           la  autopista  M4,  y  ella  se  refugió  en  distracciones



           mundanas  pero  necesarias,  como  enviar  un


           mensaje  a  su  hija  avisándola  de  que  ya  había


           aterrizado,  comprobar  si  le  había  llegado  algún


           correo  durante  el  vuelo  o  mirar  la  web  de  su


           periódico. Al cabo de unos minutos, sin embargo,


           se  obligó  a  cerrar  el  móvil  y  a  guardarlo  en  el


           bolsillo de su abrigo. Tarde o temprano tendría que



           afrontar el hecho de que estaba allí para despedirse


           de  Will,  y  mientras  contemplaba  el  flujo


           desdibujado  de  las  pantallas  publicitarias  que


           flanqueaban                   la       autopista,              los        ojos          se       le


           humedecieron  ante  la  noción  del  adiós  definitivo,


           la  evidencia  de  que  nunca  más  volvería  a  oír  o  a


           tocar  a  esa  persona.  Una  certeza  tan  grande  e


           inamovible  que  parecía  no  encajar  en  su  pequeño


           mundo de incertidumbres.



                  Se apartó las lágrimas con el dorso de la mano


           y hubo un poco de rabia en aquel gesto. No podía


           evitar  sentirse  hipócrita.  «Si  tanto  lo  echaba  de


           menos, si tanto le importaba —se dijo—, ¿por qué


           no había hecho antes aquel mismo viaje?».


                  Llegó  tarde  al  funeral,  como  no  podía  ser  de




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