Page 249 - Hijos del dios binario - David B Gil
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—¿No teme que puedan actuar contra usted?
El viejo se encogió de hombros.
—Ya le he dicho cómo vivo, tengo poco por lo
que preocuparme… Cuando no tienen nada que
quitarte, eres verdaderamente libre. Y entonces
comprendes que la libertad tiene un lado amargo,
un hombre no puede vivir sin cargas ni
preocupaciones, sin lastres que lo aten al suelo…
Necesitamos volar, pero no perdernos en el vacío.
Es por eso que la muerte no resulta una perspectiva
tan desagradable cuando te haces viejo y ya no
queda nadie.
Las palabras de aquel hombre parecían
demasiado trascendentes para un encuentro entre
desconocidos, pero Daniel comprendía lo que
sentía.
—¿Por qué me dice todo esto?
—Porque usted está dispuesto a escucharme, y
eso es algo excepcional para un viejo. Le diré lo que
quiere, pero no se impaciente si divago en exceso,
es algo que se suele perdonar a la gente de mi
edad.
Daniel bebió de su café ya templado y asintió.
Le caía bien Saul Perlman.
—¿Por eso desapareció David Samir, porque ya
nada le ataba a su vida anterior?
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