Page 244 - Hijos del dios binario - David B Gil
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retirado  que  añoraba  los  viejos  tiempos.  Estaba  a


           punto de descubrirlo.


                  Llegó al local señalado y se sentó en una de las


           mesas  de  la  terraza,  junto  a  la  corriente  de



           visitantes  que  flotaba  de  tienda  en  tienda.  Por


           supuesto  que  su  contacto  no  llegaría  puntual,  le


           dejaría  esperar  durante  un  buen  rato,  el  tiempo


           necesario  para  ser  observado.  Pidió  un  expreso


           que, para su sorpresa, tenía un aroma similar a los


           que podían servir en cualquier cafetería de Roma, y


           se limitó a aguardar con la mirada perdida en los



           rostros que pasaban junto a él.


                  En  descargo  de  su  confidente  tuvo  que


           reconocer que no le hizo desesperar: apenas había


           saboreado un par de veces su café cuando percibió


           que alguien lo miraba con vehemencia; levantó la


           vista y vio a un anciano de pie, hierático en medio


           de la marea humana. Su postura inmóvil subrayaba


           su presencia, como la roca que obliga a la corriente


           a  flanquearla.  Era  un  hombre  alto,  apenas



           encorvado  por  la  edad,  vestía  traje  oscuro  sin


           corbata  y se  apoyaba  en  un bastón  delgado como


           una  vara  de  enebro;  la  cabeza,  alzada  por  encima


           de  los  que  discurrían  a  su  alrededor,  estaba


           cubierta  por  una  mascota  negra  que  aplastaba


           mechones  blancos  contra  sus  sienes.  Pero  todo




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