Page 46 - Hijos del dios binario - David B Gil
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habría podido permitirse aquel apartamento, pero
la pensión que Javier le pasaba por la manutención
de Lara era considerable. «Es un buen hombre», le
dijo su madre cuando Javier le ofreció el acuerdo
sin mediación judicial. «No es bondad —pensó
ella—, son remordimientos», pero por supuesto
guardó la compostura y aceptó el dinero. Por el
bien de Lara, se repetía.
Aprovechó los segundos que tardaba el
ascensor en bajar al garaje para consultar su correo
del trabajo. Claudio, Melisa, Bianca, Claudio,
Fernando, Agencia EFE, Melisa, un correo basura
enviado por la cuenta william110@netmail.com y
cinco correos consecutivos enviados por el
remitente GhostHost entre las tres y las cuatro de la
madrugada. Marcó los seis últimos y los eliminó
sin siquiera abrirlos.
Alicia se detuvo frente a una puerta de cristal
negro en la que rezaba: «Claudio Costa, redactor
jefe». Apoyó la mano en el pomo, contuvo el
aliento y golpeó dos veces con los nudillos antes de
abrir. Claudio estaba sentado en su escritorio, las
manos posadas sobre el teclado, probablemente
trabajando en el borrador del editorial que debería
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