Page 607 - LIBRO DE ACTAS-II-JORINVEDUC-2016
P. 607
Queda evidenciado la confusión entre los derechos y obligaciones, y que estas últimas se internalizan
en las familias se repiten como dogma, y no hay una reflexión de lo que significan cada una de las
obligaciones.
La violencia
En el inicio del proceso se presenciaban distintas formas de violencias naturalizadas que iban
desde lo verbal y lo físico hacia diversas formas de exclusión de algunos integrantes del grupo.
En el trato cotidiano estas formas de violencias corresponden al producto de la ausencia de una
norma o pauta de conducta radicada en la existencia de un “nosotros” que permitiese compartir y
convivir en un mismo tiempo y lugar. En este sentido Silvia Duschatzky señala que en contexto de
marginalidad urbana ante la destitución simbólica de las figuras de autoridad familiares-burguesas
e institucionales, la Ley como “mandato”, que excede a los sujetos y media entre los mismos, pierde
su poder subjetivamente, es decir ya no habilita la creencia en un “universo compartido”, y el otro se
vuelve un otro que deviene en objeto y no en sujeto con el cual coexistir (Silvia Duschatzky, 2001).
La característica de este tipo de agresión se manifiesta como impulso irreflexivo, hasta
incluso como un canal de comunicación incorporado. En el dialogo con los chicos/as se hizo evidente
que el significante “violencia” no era el mismo para ellos que para los talleristas, escenas que podrían
estar cargadas de violencia desde la perspectiva adultocentrica no necesariamente lo eran para los
chicos que más bien daban cuenta de su transitar por distintas formas de violencias que forman parte
del entorno que habitan. La dificultad está dada en el hecho de que la violencia no habilita espacios
comunitarios de construcción, nos referimos a la violencia entre pares: vecinos del barrio,
compañeros de escuela, primos, hermanos, entre otros; esta sólo decontruye la posibilidad de
pertenecer a la comunidad en la cual se vive: “la violencia como acto desarticulador, desenfrenado, que
toma al otro como objeto es la prueba de haber perdido la libertad, dado que en el acto de
indiferenciación entre el otro y yo no hay libertad posible. Solo en la relación social se puede seguir
siendo libre”.
9
Esta violencia que no tiene nada que fundar debe ser des-naturalizada, en un primer
momento se comenzó reflexionando sobre el significado de palabras usadas en el vocablo cotidiano
como: “boliviano”, “villero”, ”negro” y “bollero” entre otras; con actividades como repasar la historia
de la Argentina y el origen del presidente de la primera junta (Cornelio Saavedra nacido en Potosí
durante el virreinato del Perú), para poder reflexionar sobre ciertos imaginarios que obstaculizar ver
en el otro puntos de contactos y similitudes dado que la imagen del “negro” o del “villero” es una
imagen falsa que distorsiona a ese otro con el cual relacionarse.La violencia como problemática socio-
educativa requirió de un intenso tiempo de trabajo por parte de los educandos, y también de los
educadores que incluso llevo a recurrir a la consulta de profesionales de otros ámbitos, como ser
psicólogos para re-pensar posibles soluciones.
Con el devenir del tiempo se han hecho perceptibles cambios en la dimensión socio-afectiva
a través de la elaboración de pautas de conducta y convivencia, mediante la búsqueda de lenguajes
de comunicación y expresión diferentes, todo esto realizado mediante la redacción y elaboración de
el reglamento interno por parte de los educandos, documento donde señalan:
“Respetarnos entre los compañeros: no discriminando, ni golpearnos, respetándonos unos a
otros”
“Respetar al profe, escuchando y respetando”
“No jugar a juegos que no sean de la escuela de fútbol, como por ejemplo la Patente, ni otras
cosas que sean malas”
9 Duschatzky Silvia, Elvira Marorell, Estanislao Antelo, Mario Zerbino. (2001) Reflexiones en torno al debate 607
sobre la violencia. Programa de Intervención en Escenarios de Violencia Escolar: La Violencia en Imágenes.

