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El cuerpo en la Educación Física
Por lo general los modelos pedagógicos aplicados a esta “disciplina”, que en nuestro país es
de una impronta fuertemente militaristas y de raíces anglosajonas, se asientan sobre una concepción
del estereotipo de cuerpo anatómicamente esbelto y estilizado, por lo cual ha centrado su atención
principalmente en prácticas “higiénicas” y en la adquisición y perfeccionamiento de habilidades,
destrezas y hábitos posturales específicos. La metodología de enseñanza ha sido casi sin discusión la
del “mando directo” o “asignación de tareas”, sostenida por una fuerte concepción biologisista del
cuerpo, la del “cuerpo-maquina”.
Esta ha sido la visión hegemónica durante prácticamente la totalidad del siglo pasado que
circunscribió sus posibilidades a la de disciplinas deportivas, como es el caso concreto en nuestro
territorio de la Gimnasia Deportiva, lo cual en el vocablo popular llevo por mucho tiempo a asociar a
la clase de Educación Física con la clase de “gimnasia”.
Si bien en las últimas décadas las corrientes pedagógicas que resaltan fuertemente el lugar del
educando en la educación como portador y constructor de saberes han impulsado algunas revisiones
en estos espacios educativos, por lo general se han limitado al plano metodológico. En este sentido
del mismo modo que la E. F. fue importada de occidente, continua hoy consumiendo producciones
teóricas de países como España y Francia principalmente; de este modo propuestas como los
“métodos activos” de Jorge Gomez (España) resaltan el rol del juego colectivo en el aprendizaje
motor, pero sin llegar a discutir el lugar del sujeto en la praxis educativa.
El cuerpo sigue siendo, a decir de Foucault, blanco de prácticas de diciplinamiento, el tiempo,
el espacio y los movimientos no son aspectos a re-crear, por el contrario están reglamentados, el
espacio está ahí pero delimitado y para cada porción del mismo hay un movimiento o desplazamiento
determinado, el tiempo es más bien un conjunto de secuencias y ritmos marcados por el profesor que
indica cuando se empieza y se terminan las acciones; los movimientos son grupales, se corre en la
misma dirección, se mueve el mismo “segmento” corporal a la vez o se ejecuta el ejercicio demostrado
y la técnica es la vara con la cual se mide el grado de ejecución de los mismos: “La disciplina fabrica
así cuerpos sometidos y ejercitados, cuerpos "dóciles". La disciplina aumenta las fuerzas del cuerpo (en
términos económicos de utilidad) y disminuye esas mismas fuerzas (en términos políticos de
obediencia). En una palabra: disocia el poder del cuerpo; de una parte, hace de este poder una "aptitud",
una "capacidad" que trata de aumentar, y cambia por otra parte la energía, la potencia que de ello
podría resultar, y la convierte en una relación de sujeción estricta. Si la explotación económica separa
la fuerza y el producto del trabajo, digamos que la coerción disciplinaria establece en el cuerpo el
vínculo de coacción entre una aptitud aumentada y una dominación acrecentada”
8
Para otros autores como Bourdieu la ideología y la estructura de dominación son asimiladas
de modo no reflexivo por los sujetos mediante las distintas relaciones en el espacio social y los roles
distribuidos, los cuales se convierten en habitus y disposiciones, es decir en actitudes corporales que
se han vuelto inconscientes y son parte del lenguaje del cuerpo que expresan formas de disponerse
y ser en el espacio que refuerzan la violencia simbólica en el proceso de dominación desconociendo
dicha violencia (Bourdieu, 1997).
Nos elegimos: un proceso democrático
El juego ocupa un lugar central en el desarrollo de todas las actividades, y por sus
componentes recreativos es la herramienta principal para proponer y llevar a cabo los talleres.
En el transcurso del tiempo se han ido construyendo formas de toma de decisión y de organización
como es el del armado de los grupos y equipos por votación de los educandos, en lugar de ser el
educador quien por indicaciones o técnicas de división de grupo arma los mismos, los educandos
eligen a aquellos compañeros que a su criterio reúnen las condiciones necesarias para ser “capitanes”
8 Foucault, Michel. (2002) Cuerpos dóciles. Vigilar y Castigar. Buenos Aires. Siglo XXI Ediciones. 605

