Page 1009 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Si no les identificaba como tales... Bueno, entonces
morirían.
Se volvió hacia Horza.
El rostro del hombre que yacía sobre la camilla
estaba tan blanco e inexpresivo como la nieve. Los
rasgos seguían allí —ojos, nariz, cejas, boca—, pero
daban la impresión de no estar unidos por ningún tipo
de relación. Parecían objetos independientes, y eso hacía
que el rostro cobrara una apariencia de anonimato
desprovista de todo carácter, animación o profundidad.
Era como si todas las personas, todas las suplantaciones
y papeles que el Cambiante había representado a lo
largo de su vida hubieran aprovechado el coma para
escapar de su interior, como si cada uno de ellos se
hubiera llevado consigo una pequeña parte de su yo
real, dejándole vacío. El Cambiante parecía una pizarra
en blanco.
Unaha—Closp balbuceó algo en un idioma que
Balveda no logró reconocer, pero siguió sujetando la
camilla. Su voz hizo que el túnel se llenara de ecos y
acabó desvaneciéndose en el silencio. La Mente seguía
inmóvil suspendida en el aire, un ovoide hecho de
plata deslustrada. Balveda podía verse reflejada en
algunos puntos de aquella superficie parecida a un
espejo iridiscente. La tenue luz del exterior, el hombre
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