Page 1008 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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ninguna clase de señal o moverse por sus propios
medios. Balveda le dijo que mantuviera anulado su
peso y fue empujándola y tirando de ella hasta llevarla
al tubo de tránsito más cercano, seguida por Unaha—
Closp que sostenía la camilla.
Una vez dentro de la pequeña cápsula el viaje de
regreso duró sólo media hora. Balveda no se detuvo
para recoger los cadáveres.
Rodeó su brazo fracturado con unas cuantas tiras de
tela y lo entablilló, se sumió en un breve sueño—trance
que sólo duró una fracción del viaje y llevó su carga por
los túneles de servicio hasta llegar a la zona de
habitáculos y la oscura entrada del túnel, donde los
Cambiantes muertos seguían yaciendo como en un
muestrario de los distintos aspectos que podía cobrar un
cadáver congelado. Después descansó unos instantes en
la oscuridad sentada sobre el suelo del túnel entre los
montoncitos de nieve traída hasta allí por el viento
antes de dirigirse hacia la nave.
Sentía un dolor sordo en la espalda, la cabeza le
latía lentamente y su brazo estaba entumecido. Llevaba
puesto el anillo que había cogido del dedo de Horza, y
tenía la esperanza de que su traje —y, quizá, los sistemas
eléctricos de la unidad—, sirvieran para que la nave les
identificara como amigos.
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