Page 1005 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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impotente que Balveda sintió un escalofrío, y el vello de

              su  nuca  se  erizó  pese  a  los  chorros  de  agua  que

              intentaban pegarlo a la piel. Horza alzó las manos y sus


              dedos  convertidos  en  garras  se  cerraron  sobre  la

              chaqueta de Balveda en una presa terrible.


                     —¡Mi nombre! —gimió, y la angustia que había en


              su voz era todavía más terrible que la expresión de su

              rostro—. ¿Cómo me llamo?


                     —Bala,  bala,  bala  —murmuró  Unaha—Closp


              desde el techo.


                     Balveda  tragó  saliva  y  sintió  el  cosquilleo  de  las

              lágrimas  que  se  agolpaban  detrás  de  sus  párpados.

              Acarició una de aquellas manos blancas como el hueso


              que aferraban su chaqueta.


                     —Horza —dijo con voz amable—. Te llamas Bora

              Horza Gobuchul.


                     —Bala, bala, bala, bala —dijo Unaha—Closp con


              voz adormilada—. Bala, bala, bala.


                     Los dedos del hombre aflojaron su presa y el terror

              fue  desapareciendo  de  su  rostro.  Sus  músculos  se


              relajaron. Los ojos volvieron a cerrarse y los labios se

              curvaron en lo que casi era una sonrisa.


                     —Bala, bala.


                     —Ah, sí... —murmuró Horza.






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