Page 442 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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provocados por las glándulas sudoríparas
manipuladas de las concubinas. La velocidad de su
pulso fue bajando y su respiración entrecortada se
normalizó; las gotas de sudor dejaron de rodar por su
frente. Tomó sorbos del cuenco de drogas e inhaló los
vapores mientras observaba como Kraiklyn perdía
primero una mano y luego otra, aunque en la primera
abandonó lo bastante pronto para no perder una Vida.
Aun así, ahora sólo le quedaba una Vida. Si no
disponía de nadie sentado a su espalda, un jugador de
Daño podía apostar su propia vida, pero era algo
bastante raro, y en aquellas partidas donde los mejores
se enfrentaban a los aspirantes —como ocurría en
ésta—, los ishlorsinami tenían tendencia a prohibirlo.
El capitán de la Turbulencia en cielo despejado no
quería correr riesgos. Se retiró de cada mano antes de
que pudiera perder una Vida. Estaba claro que
esperaba una mano casi imposible de superar, y que
no haría la que bien podía ser su última apuesta en el
juego hasta que el azar no se la hubiera proporcionado.
Horza comió. Horza bebió. Horza aspiró vapores de
drogas. A veces intentaba distinguir la terraza donde
había estado al principio y a la mujer de aspecto
aburrido, pero las luces se lo impedían. De vez en
cuando alzaba los ojos hacia los animales que luchaban
en los trapecios. Estaban bastante cansados, y habían
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