Page 554 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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que suficiente para contemplarlo. El Megabarco yacía en

              el suelo de aquel hangar gigantesco como si fuera una

              pequeña  ciudad  sostenida  por  una  inmensa  losa


              metálica. La Turbulencia en cielo despejado pasó sobre

              la popa del Megabarco, dejó atrás túneles repletos de

              hélices que medían decenas de metros, se deslizó junto


              al  primer  atracadero  de  la  popa  —donde  las

              embarcaciones de recreo esperaban el regreso al mar—,


              pasó sobre las torres y pináculos de la superestructura y

              se  fue  aproximando  a  las  proas.  Horza  miró  hacia

              adelante. Las puertas —si es que eran eso—, del hangar


              General estaban a dos kilómetros de distancia. Debían

              tener  dos  kilómetros  de  altura,  y  como  el  doble  de


              longitud.  Horza  se  encogió  de  hombros  y  volvió  a

              preparar  el  láser.  Se  dio  cuenta  de  que  todo  aquello

              empezaba a resultarle casi aburrido, como si fuese una


              especie de rutina. «Qué diablos...», pensó.


                     Los láseres agujerearon el muro que tenían delante

              y  fueron  abriendo  un  orificio  de  contornos  cada  vez

              mayores. Horza dirigió la nave hacia él. Un vórtice de


              aire  estaba  empezando  a  formarse  alrededor  del

              agujero. La Turbulencia en cielo despejado se aproximó


              a él y se vio atrapada por un pequeño ciclón horizontal

              de  aire  que  la  hizo  oscilar.  Unos  instantes  después

              estaban en el espacio.








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