Page 831 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Querl  cuando  se  adentró  en  ella  y  se  hundió.

              Pensamos que era imposible. Con aquel aire tan frío

              que nos rodeaba, y pese a la pálida luz del sol... No, la


              ciénaga  no  podía  existir.  Creímos  que  estaba

              congelada y la vimos tal y como nos pareció que debía

              ser, y pensamos que nuestros ojos se aclararían dentro


              de un segundo y que él volvería caminando a reunirse

              con  nosotros,  no  que  se  desvanecería  bajo  aquel


              líquido  oscuro  sin  que  pudiéramos  hacer  nada  por

              impedirlo.


                     »Comprendimos  demasiado  tarde  que  era  una


              ciénaga de brea y alquitrán, y cuando nos dimos cuenta

              de  ello  sus  profundidades  ya  se  habían  cobrado  un

              precio.  Al  día  siguiente  seguíamos  buscando  una


              forma  de  atravesarla.  El  aire  se  volvió  tan  frío  que

              incluso  aquel  barro  viscoso  acabó  congelándose,  y

              pudimos cruzar rápidamente al otro lado.


                     »Empezamos a morir de sed rodeados por aquella


              neblina hecha de agua helada. Apenas teníamos nada

              con  que  calentar  la  nieve  salvo  nuestros  propios


              cuerpos, y absorber aquel polvo blanco hasta que nos

              entumecía las entrañas hizo que nuestras reacciones se

              fueran  volviendo  aún  más  lentas,  y  el  frío  casi  nos


              impedía hablar o caminar. Pero seguimos avanzando,

              aunque el frío se pegaba a nosotros tanto si estábamos


              despiertos como si intentábamos dormir, y el sol nos



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