Page 874 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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El esfuerzo suponía una auténtica agonía de dolor.
Cada vez que tiraba de su cuerpo creía que el dolor
habría disminuido un poco, pero no era así. Era como
si cada uno de aquellos segundos excesivamente
largos de su ascenso por la rampa, durante los que su
cuerpo destrozado y ensangrentado subía un poco más
por esa interminable superficie repleta de escombros
que le causaban nuevas heridas, hiciera que sus venas
se fuesen llenando de ácido. Meneó la cabeza y farfulló
algo ininteligible. Podía sentir la sangre que brotaba de
las grietas de su cuerpo que se habían curado mientras
estaba inmóvil y habían vuelto a abrirse con el
movimiento. Sentía las lágrimas que caían del único
ojo que le quedaba; notaba el lento deslizarse del fluido
curativo allí donde había estado su otro ojo, el que le
habían arrancado de la cara.
La puerta que tenía delante brillaba a través de la
neblina y la débil corriente de aire que surgía de ella
creaba remolinos casi imperceptibles en la humareda.
Sus pies arañaban los escombros y la parte delantera
de su traje iba empujando una pequeña ola de
escombros a medida que se movía. El idirano volvió a
agarrarse al borde de la rampa y tiró.
Intentaba no gritar, no porque creyera que hubiese
alguien a quien sus gritos pudieran poner sobre aviso,
sino porque desde el primer momento en que logró
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