Page 875 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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sostenerse en pie por sus propios medios le enseñaron
a sufrir en silencio. Lo intentaba; podía recordar cómo
el Querl de su nido y su madre—padre le decían que
no debía gritar, y desobedecerles significaría cubrirles
de oprobio y vergüenza, pero había momentos en que
el dolor resultaba excesivo. A veces el dolor estrujaba
su cuerpo hasta arrancarle un grito.
Algunas de las luces del techo habían sido
alcanzadas por los disparos y no funcionaban. Podía
ver los agujeros y desgarrones en el reluciente fuselaje
del tren, y no tenía ni idea de qué daños internos habría
sufrido, pero ahora ya no podía detenerse. Tenía que
seguir adelante.
Podía oír los sonidos que brotaban del tren. Podía
oírlos tan bien como el cazador que acecha su presa. El
tren estaba vivo; herido —el zumbido irregular de
algunos motores parecía indicar que no funcionaban
del todo bien—, pero vivo. Quayanorl se estaba
muriendo, pero haría cuanto estuviera en sus manos
para capturar a su bestia.
—¿Qué opinas? —preguntó Horza volviéndose
hacia Wubslin.
Había seguido la pista del ingeniero hasta
encontrarle debajo de uno de los vagones. Wubslin
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