Page 958 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
P. 958

observando pantallas y diales, torciendo el gesto cada

              vez que tenía que mover el brazo herido y sin mirar a

              Horza en ningún momento—. Sé lo que hago. Sal del


              tren. Conseguiré ponerlo en marcha; ya lo verás.


                     Horza  se  volvió  hacia  la  parte  trasera  del  tren.

              Yalson  estaba  de  pie  en  el  centro  del  vagón,  apenas


              visible a través del hueco de dos puertas abiertas. Miró

              primero  a  Balveda,  que  seguía  corriendo  hacia  el

              segundo  vagón  y  las  rampas  de  acceso,  y  luego  a


              Horza, quien no se había movido de la sala de control.

              Horza vio como su cabeza se movía de un lado a otro


              y le hizo señas para que saliera del tren. Después se

              dio la vuelta, fue hacia Wubslin y le agarró por el codo.


                     —¡Maldito bastardo, te has vuelto loco! —gritó—.

              ¡Puede que esté moviéndose a cincuenta metros por


              segundo!  ¿Tienes  alguna  idea  de  cuánto  tiempo  se

              necesita  para  que  uno  de  estos  trastos  se  ponga  en

              movimiento?



                     Tiró  del  brazo  del  ingeniero.  Wubslin  giró

              rápidamente sobre sí mismo y golpeó a Horza con la

              mano que tenía libre. Horza cayó al suelo de la sala de


              control, más asombrado que herido. Wubslin volvió a

              concentrar su atención en los controles.


                     —Lo  siento,  Horza,  pero  puedo  llevarlo  a  esa


              desviación y quitarlo de en medio. Sal del tren. Déjame

              en paz.


                                                            958
   953   954   955   956   957   958   959   960   961   962   963