Page 961 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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tiempo transcurrido entre el punto donde las luces de la
locomotora habrían sido visibles desde el último vagón
del tren inmóvil en la estación siete y el instante en que
el tren emergió de la oscuridad del túnel para entrar en
la estación no llegó al minuto.
Muerto, con el cuerpo del que seguía formando
parte oscilando y balanceándose pero tan firmemente
atrapado entre el asiento y la consola que las sacudidas
no bastaban para hacerle caer al suelo, el frío ojo de
Quayanorl, cerrado para siempre, tenía delante una
curva de vidrio blindado más allá de la cual había un
espacio negro como la noche en el que colgaban dos
líneas gemelas de una cegadora luz casi sólida, y
enfrente de ellas había un halo de claridad que
aumentaba rápidamente de tamaño, un anillo de
luminiscencia provisto de un grisáceo núcleo metálico.
Xoxarle lanzó una maldición. El blanco se había
movido muy deprisa y había fallado. Pero estaban
atrapados en el tren. Les tenía cogidos. El viejo humano
que había debajo de su rodilla gimió e intentó moverse.
Xoxarle aumentó la presión que ejercía sobre él y se
preparó para volver a disparar. El aire salía del túnel
con un aullido ensordecedor, chocaba contra la parte
trasera del tren y se esparcía a su alrededor.
Unos cuantos disparos hechos al azar iluminaron el
fondo de la estación, a mucha distancia de él. Xoxarle
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