Page 960 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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hubiera convertido en un huracán donde no podía
distinguirse ninguna ráfaga de viento aislada. Una
fracción de segundo después el aire que la rodeaba se
llenó de chispas y destellos luminosos. La luz estaba por
todos lados, y los soportes perdieron su firmeza para
convertirse en masas de metal derretido. Balveda se
arrojó al suelo de la rampa, deslizándose y rodando a
lo largo de su superficie. Los soportes que tenía delante,
allí donde la rampa giraba e iba bajando hacia el suelo
de la estación, ardían con las llamaradas del láser.
Balveda se medio incorporó. Sus manos y sus pies
resbalaron sobre la rampa intentando encontrar algún
asidero, y se encontró nuevamente dentro del tren, un
momento antes de que la línea de fuego se moviera
hacia un lado de la rampa, las vigas y las barandillas
protectoras que había al extremo de ésta. Yalson
tropezó con Balveda y estuvo a punto de caer. La mujer
de la Cultura alzó la mano y la cogió por el brazo.
—¡Alguien nos está disparando!
Yalson fue hacia el borde y empezó a devolver el
fuego.
El tren volvió a moverse.
El tramo de vía recta que separaba la estación seis
de la siete medía unos tres kilómetros de longitud. El
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