Page 979 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Balveda  empezó  a  recobrar  el  conocimiento  en

              cuanto  encontraron  aire  fresco.  Apenas  llevaban

              recorridos  diez  metros  de  túnel.  Las  explosiones


              retumbaban detrás de ellos, y el aire se movía en oleadas

              a  lo  largo  de  todo  el  túnel  haciendo  pensar  en  los

              erráticos latidos de un corazón gigantesco. Las luces se


              encendían  y  se  apagaban;  los  rociadores  del  techo

              dejaron  caer  unas  cuantas  gotitas  que  pronto  se


              convirtieron en chorros.


                     «Es  una  suerte  que  no  pueda  oxidarme»,  pensó

              Unaha—Closp mientras flotaba por el túnel que llevaba


              a la sala de control. La mujer se agitaba débilmente en

              su campo de fuerza. Oyó ruido de disparos. Parecía un

              láser, pero el ruido transmitido por los conductos de


              ventilación que les envolvía hizo que no pudiera saber

              de dónde procedían.


                     —¿Ves?  Estoy...  estupendamente  —murmuró

              Balveda.



                     La  unidad  dejó  que  se  moviera.  Ya  casi  habían

              llegado a la sala de control. El aire era respirable, y el

              nivel  de  radiación  estaba  disminuyendo.  Nuevas


              explosiones hicieron temblar la estación. La corriente

              de  aire  agitó  la  cabellera  de  Balveda  y  la  piel  de  su


              chaqueta.  Unos  cuantos  copos  de  espuma  cayeron  al

              suelo. Los chorros de agua seguían brotando del techo.






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