Page 984 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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y el humo reptaba pegado al techo. Oyó un grito, y fue

              en esa dirección.





                     La  mujer  se  resistía.  Era  fuerte,  pero  no  podía


              romper la presa de un idirano, por muy debilitado que

              se  encontrara  éste.  Xoxarle  avanzó  cojeando  por  el

              pasillo que llevaba a la gran caverna.



                     Balveda gritó e intentó liberarse. Después usó sus

              piernas  para  patear  al  idirano  en  los  muslos  y  las

              rodillas.  Pero  la  presa  era  demasiado  fuerte,  y  se


              encontraba muy arriba en la espalda de Xoxarle. Tenía

              los  brazos  pegados  a  los  flancos,  y  sus  piernas  sólo

              podían golpear la placa de queratina que emergía de la


              cadera del idirano. Detrás de ella las redes usadas por

              los constructores del Sistema de Mando se balanceaban

              suavemente impulsadas por las corrientes de aire que


              barrían  el  dormitorio  a  cada  nueva  explosión  que  se

              producía en la zona de la plataforma y entre los restos


              de los trenes.


                     Oyó disparos en algún punto detrás de ellos, y una

              puerta situada al otro extremo de la gran estancia se


              abrió  de  golpe.  El  idirano  también  oyó  el  ruido.  Su

              cabeza  se  volvió  hacia  la  dirección  de  la  que  había

              llegado un momento antes de que cruzaran el umbral de


              la  salida  del  dormitorio.  Segundos  después  se

              encontraron en un corto tramo de pasillo y emergieron


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