Page 189 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            por el Huesos, tosiendo, lagrimeando y pasándose la

            mano por la garganta. Se sentó de nuevo a la mesa, con

            los ojos vueltos, y empinó de golpe lo que le quedaba


            en el vaso.


               Sergio sentía que el suelo bailaba bajo sus pies. Aquel

            licor  era  demasiado  fuerte,  y  se  había  excedido


            bebiendo. ¿Quién le mandaba a él meterse en todo este

            jaleo? Alguien había traído dos mangos de azada, de

            un  metro  aproximadamente  de  largo,  que  yacían


            amenazadoramente sobre la superficie de la mesa. El

            Saurio agarró uno y empezó a dar golpes en el aire,

            como  si  estuviera  sacudiendo  una  alfombra.  Sergio


            alargó la mano hacia el otro...


               —Espera  —dijo  el  Vikingo,  con  voz  tensa—.  Un

            momento sólo. Dame la mano.


               Sin saber por qué, Sergio le obedeció, y permaneció


            un  rato  estrechando  la  mano  del  Vikingo.  Mientras

            más gente se agolpaba en la puerta y en las ventanas, y


            el  tabernero  se  apresuraba  despachando  bebidas,  le

            pareció  que  un  ligero  ramalazo  eléctrico  pasaba  a

            través de su mano. Una fuerza extraña subía vibrando,


            por su brazo dándole una lucidez fuera de lo normal;

            los colores parecían más vivos, los sonidos más claros...

            la imagen del Saurio, saltando y botando por doquier,


            esgrimiendo su estaca, entre los gritos de ánimo de los

            concurrentes, parecía disminuir en la distancia. Sintió

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