Page 190 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            que  el  suelo  tomaba  firmeza  bajo  sus  pies...  que  los

            músculos se volvían más flexibles... Por un instante, la

            sensación llegó a ser casi dolorosa; entonces, la mano


            del  Vikingo  le  soltó...  Se  dio  cuenta  de  que  se

            encontraba  fresco,  despejado,  ágil,  sin  rastros  de  la


            ligera  embriaguez  que  sentía  unos  segundos  antes...

            No le dio tiempo a admirarse, ni a preguntar nada al

            Vikingo, que por contra, parecía fatigado; el Saurio se


            puso a vociferar:


               —¿Para cuando es esto, piojoso? ¡Te perdonaré si me

            lames  las  botas...  si  no,  haré  de  ti  trozos  como

            lagartijas...!


               —Vamos allá —dijo Sergio, con voz segura.



               Agarró el mango de azada, e instintivamente realizó

            los movimientos rituales. Había tomado la estaca por

            el extremo con la mano izquierda; levantó lentamente


            la derecha sobre la cabeza, y asió el palo por encima de

            la  otra,  a  unos  treinta  centímetros  de  distancia.


            Comprobó el peso y la estabilidad; no era un shinai,

            pero en unos segundos se habría acostumbrado. Iba a

            sentarse, automáticamente, cuando pensó que no era


            necesario tanto; se limitó a inclinarse levemente ante el

            Saurio,  que  le  miraba,  muy  sorprendido  ante  sus

            extraños movimientos.


               A  continuación,  adelantó  levemente  la  estaca,




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