Page 279 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            Déjame pensarlo... Dale saludos a Edy; luego iré por

            allí a echar un párrafo.


               Sergio  tomó  al  caballo  negro  de  las  riendas,  y


            cansinamente, sintiendo los miembros como si fueran

            una masa de nudos, comenzó a caminar hacia la casa

            de piedra. Pasó un pequeño puente de madera sobre el


            riachuelo,  seguido  por  el  resonar  tronante  de  los

            pesados cascos de Aneberg, que alzaba el cuello hacia

            arriba, como impaciente.


               —¿Qué te pasa a ti? ¡No querrás que estemos todo el


            día corriendo! Quieto, caballo... tranquilo.


               Al  influjo  de  su  voz,  a  la  que  parecía  haberse

            acostumbrado, Aneberg emitió un relincho breve y se


            tranquilizó.  Pasaron  junto  a  pequeñas  arboledas,

            bañadas por las aguas del riachuelo, y llegaron al lado

            de la casa de piedra. El arroyo se remansaba allí, a unos


            metros de los muros, formando como un pequeño lago

            transparente.


               Una columna de humo claro surgía de la chimenea


            de  piedra,  disolviéndose  perezosamente  en  el  aire.

            Llevando el caballo de la brida, Sergio comenzó a dar

            la  vuelta  a  la  casa,  ya  que  evidentemente  la  puerta


            estaba en el lado opuesto a las otras dos edificaciones.

            Vio que el edificio se componía de dos pisos, el primero

            sin ventanas; solamente con unas estrechas aspilleras




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