Page 285 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
Se quedó dormido en el sillón, después de apurar dos
humeantes tazas de café que sabían a gloria...
recordando, nebulosamente, el sabor del Neocafé de la
Ciudad, que era como la sombra de un reflejo de la
descripción de una buena taza de café de verdad.
En lo que él había creído cuadra, había, además del
establo para dos vacas, lugar para Aneberg, al lado de
un robusto caballo de tiro, el cual se asustó y comenzó
a relinchar y a retroceder hacia la pared al ver al
furibundo caballo cuellilargo. Costó bastante
tranquilizarle, y eso sin que Aneberg, pacíficamente
aposentado ante un oloroso montón de heno, hiciera
más que dirigir alguna mirada despreciativa hacia
aquel otro burdo ejemplar de su raza. También había
dos cerdos, y dos docenas de gallinas, pavos y patos.
El bajo edificio de madera continuaba con una nave
donde se encontraban un pequeño molino de harina, y
cubas, frascos de cristal y herramientas diversas para
preparar conservas. Una solida estantería de madera
contenía hileras e hileras de frascos ya llenos, con
limpias etiquetas indicando claramente el contenido.
Edy, con su voz tranquila y baja, le dio alguna ligera
explicación, mientras el pequeño Hermán, con su libro
en las manos, les seguía, volviendo la cara a otro lado,
vergonzosamente, cada vez que Sergio le miraba. En
vano intentó hacerle alguna gracia, porque el pequeño,
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