Page 323 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
el vapor de la cerveza y el visqui y los puñetazos en la
mesa, rostros barbudos sonreían, juraban y se las
prometían muy felices.
Una vez más, mientras permanecían silenciosos, y un
poco retirados, Sergio sorprendió fija en ellos la
penetrante mirada de Marta di Jorse. Como
decidiéndose de una vez, la mujer se dio un latigazo en
las botas con la fusta, enderezó la pistola y el largo
cuchillo que llevaba en la faja y se acercó a ellos.
—Tienes una casa muy bonita, Edy —dijo— aunque
esta pandilla de cerdos te la está dejando hecha un asco
—señaló al rayado suelo—. ¿Quieres enseñarme el piso
de arriba? Tú, Sergio, a ver si consigues que no se
coman ni beban todo lo que tenéis...
—En aquellos tiempos —decía el Capitán Grotton—
vivías una semana con un céntimo, y la gente era
trabajadora y honesta, como yo. No hacían como
ahora, que en cuanto quieres algo, hala, al médico y a
sacar sangre... y menos mal que está limitada a un año.
Pues recuerdo al viejo Broxton... ¿te acuerdas tú del
viejo Broxton, Juana Stone? Ese sí que era un tío
bragado y echado palante... Cuando le dimos la batida
a los bandoleros de Mac Cara de Palo, se enfrentó él
solo con tres tíos... A uno le abrió la barriga en canal,
echándole las tripas fuera... A otro lo mató de un tiro.
El tercero le clavó el cuchillo en el hombro... «¿Esas
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