Page 331 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
Ella le puso un dedo sobre los labios, e hizo un mohín
burlón.
—Pasa, y no seas tonto.
Edy cerró la puerta y depositó la palmatoria sobre
una pequeña mesa. Había un amplio lecho, cubierto
por una colcha de retazos, un suelo de color manteca,
brillante, como engrasado, y un pequeño armario de
madera roja. A través de la reja de la ventana,
entreabierta, llegaba del exterior un vaho cálido,
algunos lejanos reniegos, y el confuso pataleo de los
caballos.
En este momento Sergio sentía dentro de sí un amor,
una atracción tan profunda hacia Edy, que le causaba
dolor. La acercó a sí y puso su boca sobre la de ella. La
joven contestó a su beso con una energía y un deseo
que Sergio no esperaba, ciñéndose a su cuerpo,
pasándole las manos por el cabello.
—Hace ya días, Sergio... días. Lo he deseado mucho.
No dijeron nada más. Edy se quitó la ropa bajo la
chisporroteante luz de la vela, y permaneció allí de pie
al lado de la cama, dejando que él admirara la belleza
de sus amplios pechos, la curva de sus caderas... con
un brillo sensual y divertido, mientras Sergio, un tanto
torpemente, se desnudaba a su vez.
—Anda, acuéstate.
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