Page 335 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            dormía plácidamente, con un brazo sobre el cuello de

            él, los juveniles pechos apoyados contra su costado... y

            un nuevo quejido, a la vez desgarrador y suave, casi


            inaudible,  vino  del  bosque,  fue  aumentando,

            sumándosele otros, hasta formar un coro de dolor casi


            insoportable...  Los  caballos  patearon  en  el  exterior,

            hubo un espantado relincho, y el silencio de nuevo.


               El sol entraba por la ventana cuando Sergio volvió a

            despertarse. Se había acostumbrado a calcular la hora


            por la altura del disco solar, y se dio cuenta de que era

            muy tarde. Aun aturdido, vio que Edy, al lado suyo,

            dejaba sobre la mesita un jarro de café y unas galletas.


               —¿Por qué no me has despertado?



               —Dormías  tan  a  gusto...  Anda,  desayuna.  Hoy  no

            trabajarás... tienes que estar conmigo.


               —Buenos  días  —dijo  Marta,  entrando,  sin


            ceremonias—. Ahí está todo esto.


               Y  dejó  a  los  pies  de  la  cama  el  rifle  magnético,  la

            mochila,  la  roñosa  Bessie  y  el  sombrero  de  cazador

            africano.


               —¿Qué? ¿Fue bien?



               —Muy bien... gracias, Marta.


               —A  mí  no  me  las  deis;  si  no  organizo  esto,  a  ver

            donde iba a dormir yo. Marta di Jorse duerme en el




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