Page 334 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


               —¿El qué? —Verdellones.


               —¡Ah, ya! ¿Acaso te importaría, si...?


               —No, Edy. Te aseguro que no... Oye, ¿no te parece

            que hemos sido muy tontos los dos...? Sobre todo yo...


               —Ahora puedes recuperar el tiempo perdido... Ella


            colocó la cabeza en el hueco del cuello de Sergio, y él

            pasó  un  brazo  bajo  su  cuerpo,  rodeándola.  Poco

            después, cuando Edy se durmió, hizo un esfuerzo para


            retirarlo, porque aunque la postura fuese muy bonita,

            y  agradable,  se  le  había  dormido  el  antebrazo.  No

            obstante,  dio  media  vuelta,  acercándola  a  él  en  una


            posición más cómoda. Un grato cansancio y una ligera

            somnolencia volvieron a invadirle; la vela lanzó una


            chisporroteo  final,  y  se  extinguió.  Había  un  silencio

            absoluto en la noche. Ni siquiera se movía una hoja. Se

            sentía  invadido  de  una  fuerza  nueva,  de  un  vigor


            inesperado  ante  la  sensación  potente  de  la  felicidad

            que estaba proporcionando a otro ser humano.


               Del  bosque  vino  un  alarido  suave  y  prolongado,


            como el de un animal recién nacido al que se martiriza.

            Sergio  tuvo  un  sobresalto;  por  un  segundo  le  había

            parecido ver un resplandor repentino que iluminaba la


            noche. Edy se despertó...


               —¿Te pasa algo? —No; nada, cariño. Duerme.


               Durante unos momentos Sergio aguzó el oído. Edy


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