Page 455 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
‐No orino nada —continuó Marta—. A pesar de tanta
agua.
—Ni yo tampoco...
La mujer tropezó en una raíz, y Sergio la retuvo,
tomándola por un brazo. Lo sintió escuálido y
adelgazado bajo sus dedos y le invadió una pena
enorme... a pesar de que él se hallaba en las mismas
condiciones.
—Un pavo.
Estaba allí, con el plumaje negro, la cola abierta en
rueda, con las franjas negras y blancas alternadas, el
rojo moco cayéndole sobre el pico... Sergio abrió y
cerró los ojos varias veces. No había nada; sólo una
planta con largas hojas, abierta como un abanico...
Caminaron durante mucho tiempo, mientras el sol
parecía mantenerse inmóvil en el cielo... —El Capitán
dice que estamos a mitad de camino... A lo lejos pareció
resonar el estampido sordo de un disparo. Se
detuvieron, prestando oído. No sonó ningún otro.
Mirándose apesadumbradamente, continuaron
andando por la ribera, junto a las aguas que se
deslizaban mansamente. Se inclinaron sobre el
cristalino caudal; no había peces; no había cangrejos...
ni un solo organismo viviente... Y sin embargo, entre
las ramas, en las alturas, se oía el chirriar de los pájaros,
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