Page 527 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
que comenzó un trote rápido, esquivando los troncos
que caían y las brasas que saltaban a su alrededor...
—De manera que, después de todo —dijo Sergio,
roncamente—, eres un caballo de verdad...
Anberg lanzó un relincho agudo, y volvió la cabeza
para mirarle, como si pudiera decir algo. Los
furibundos ojos se fijaron en los suyos durante un
instante, y después, Anebreg volvió a trotar entre el
arbolado...
—Por ahí —dijo una voz agradable, desde un charco.
Y Sergio apenas pudo ver el suave pelaje deslizándose
como un delfín, bajo las ondas.
Aneberg salió resoplando, al exterior del bosque,
entre los dos repugnantes mogotes rocosos que ahora,
por cualquier razón desconocida, no le causaban
ninguna repugnancia. Había otro corcel, castaño, con
larga crin blanca, caracoleando bajo la luz gris del
amanecer. Y al lado, una figura alta, vestida con traje
de piel, con gruesas trenzas rubias en el pelo, y un rifle
en la mano; un rifle que tenía plateado cañón, y culata
de hermosa madera roja.
—¡Vikingo! —gritó Sergio.
El Vikingo tenía una sonrisa curiosa en la boca, y los
grandes ojos azules le miraban con profunda atención.
—Veo que has salido vivo —dijo—. Me alegro de ello,
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