Page 617 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            solución única... Normalmente, el que puede pagárselo

            (es  caro,  vaya)  lo  guarda  en  un  depósito  especial,

            aislado, donde los nutren, los conservan, o los «usan»


            llegado el caso... Claro que el mío no estaba en uno de

            los depósitos comunes, sino en otro más privado, más


            selecto, de palacio... ¡Alberto!


               —Dime, primo.


               La expresión de Alberto de Belloc había cambiado.

            Perdida la altivez inicial, e incluso el temor de unos

            momentos  antes,  Sergio  reconocía  en  él  ahora,


            fácilmente, al compañero de juegos de toda o casi toda

            la vida, siempre en segundo lugar, siempre más débil...


               —Hay  un  carricoche  raro,  con  chimenea,  en  el


            interior del bosque... ¡Que no lo toquen!


               El  Manchurri  y  el  Huesos  se  hallaban  en  estos

            momentos muy atareados alrededor de una copiosa y


            bien servida mesa que el muro vegetal había escupido

            poco antes. El Vikingo, con expresión tranquila, y un

            tanto sonriente, permanecía al lado de ellos, pero sólo


            había tomado un poco de agua. En cambio, los otros

            dos estaban atracándose, sin saber lo que hacían, de

            pastas de colores, y de bebidas burbujeantes, cargadas


            hasta el borde de cubos de hielo.


               —Eso sí —resurgió el Manchurri con la boca llena—.

            Que no lo toquen, o sabrán lo que es bueno...



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