Page 614 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            Sergio, ondulando ante sí sus blancas manos. De ellos

            emanaba un aura de aterradora peligrosidad...


               —No pueden —dijo Sergio, tranquilamente. Los dos


            hombres se detuvieron a un metro de distancia.


               Los  ojos  grises  y  los  ojos  amarillos  se  fijaron  con

            precisa atención en el rostro de Sergio, recorriendo su

            figura de arriba a abajo, disecándolo, cuadriculándolo


            centímetro a centímetro.


               —Con permiso, señor —dijo el de los ojos amarillos,

            aproximándose un poco más. Su voz sonaba como una

            maquinaria vieja, como si no la utilizase casi nunca.



               La alargada mano pálida, terminada en unas afiladas

            uñas  de  color  vientre  de  pescado,  bajo  las  que  se

            adivinaban,  más  que  verse,  pequeños  depósitos  de


            líquidos  translúcidos,  cargados  de  mortal  intención,

            tomó durante unos segundos la callosa y morena de


            Sergio.  Después,  lentamente,  con  una  ligera

            reverencia, el hombre de los ojos amarillos retrocedió.


               —Ni siquiera bajo una orden directa —dijo, mirando

            al suelo— puede un áspid atentar contra la vida de Su


            Alteza Jorge III, Presidente Hereditario de...


               —Basta, áspid —dijo Sergio—. Es suficiente. Puedes

            retirarte...  La  vida  de  mi  primo  no  corre  peligro


            alguno...


               Sin embargo, ninguno de los dos áspides le obedeció.

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