Page 132 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Después, mientras en Grecia la guerra entre
atenienses y espartanos daba sus últimos coletazos, la
tribu samnita de los lucanos invadió Posidonia. Fueron
tiempos difíciles para la ciudad y se produjeron
muchas muertes y saqueos, pero los lucanos respetaron
los edificios construidos por una cultura que entendían
como superior. Poco a poco se fueron helenizando,
aunque también dejaron en la ciudad la impronta de
sus gustos. Sus élites, en vez de levantar grandes
santuarios para los dioses, preferían agasajarse a sí
mismos construyendo tumbas decoradas con vivos
frescos donde se representaban cabalgando orgullosos
a la guerra o compitiendo en el noble deporte de las
carreras de cuadrigas. Con el tiempo, los lucanos de
Posidonia, sin llegar a sentirse griegos del todo, fueron
rompiendo los lazos que les unían a los samnitas de las
montañas interiores, a los que tildaban de bárbaros.
Cuando Alejandro de Epiro desembarcó en Italia
atendiendo a la petición de ayuda de Tarento y otras
ciudades griegas, Posidonia se puso de su parte, y fue
junto a sus murallas donde el rey obtuvo una resonante
victoria sobre los samnitas y el resto de los lucanos.
Ahora, quince años después, las autoridades de la
ciudad habían vuelto a abrir sus puertas a otro
Alejandro, sobrino del anterior. Los posidonios sabían
que Roma había puesto sus ojos desde hacía tiempo en
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