Page 135 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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de guerreros ricos y sin hambre de botín no habría ido
a ninguna parte, y además, como bien señalaba
Eumenes, todas esas ingentes sumas de dinero se
habían puesto en circulación en lugar de enmohecerse
inútiles bajo las bóvedas de los palacios.
A partir de la caída de Persépolis las campañas
habían dejado de ser tan fructíferas y algunas incluso
habían supuesto más gastos que beneficios. Después
del envenenamiento en Babilonia, Alejandro no había
añadido grandes territorios a su imperio, salvo las
costas de Arabia. Pero tras seis años de campañas y
reformas, gracias a la habilidad de Crátero y Ptolomeo
como generales y de Eumenes como administrador, el
imperio de Asia estaba saneado y gozaba de tanta
salud como en los tiempos de esplendor del primer
Darío. Los soldados cobraban su sueldo a tiempo, o al
menos sin demasiados retrasos. De eso no podían
quejarse. Pero sí se lamentaban que no habían vuelto a
cosechar botines tan fabulosos como los de quince años
atrás. Muchos de ellos, la mayoría, eran tan jóvenes que
sólo conocían aquellos tesoros de oídas. Ahora, sus
oficiales intentaban convencerlos de que en Campania
encontrarían expolios igual de abundantes; pero los
viajeros que venían del norte les decían que no se
emocionaran, pues no era para tanto. En sociedades
como las griegas o las italianas, con regímenes
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