Page 136 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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aristocráticos o incluso democráticos en los que el
poder se repartía entre tantas manos, era imposible
encontrar los vastos tesoros acaparados por los
déspotas persas.
Eso sí, a cambio de renunciar a la esperanza de
convertirse en magnates de la noche a la mañana, los
soldados de Alejandro gozaban de otras ventajas. En
Italia, macedonios y griegos se sentían en casa. Allí
todo era muy parecido: la ropa, las costumbres, la
arquitectura de los templos y las casas, los alimentos.
Incluso se adoraba a los mismos dioses. Pero había
sutiles diferencias a favor de Italia que les hacían
comprender por qué sus antepasados llevaban siglos
cruzando el mar Jónico, ya fuera como inmigrantes
individuales o en grandes flotas de colonización. Italia
era una tierra más rica y extensa que su apiñada y
accidentada Grecia. Aunque también había muchas
montañas, las llanuras eran más fértiles y los ríos algo
más caudalosos. No era rica en metales, pero sí en
pesca, en cereales y en unos vinos que, a qué negarlo,
tenían mejor sabor y aroma que los griegos. Ah, y las
mujeres... Las costumbres allí eran más relajadas que
en Grecia, o simplemente a las jóvenes les atraían más
las corazas y los yelmos de los extranjeros, y también
sus dracmas, de modo que a un soldado del ejército de
Alejandro no le faltaba nunca compañía femenina.
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