Page 248 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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quien había aniquilado a los hombres que la protegían.

            Quizá si hubiera recorrido el campo de batalla como él,


            hubiese  examinado  las  terribles  heridas  de  los

            macedonios  y  en  particular  las  estocadas  que

            acribillaban  el  cadáver  de  Sófocles,  no  sonreiría  al


            tribuno de aquella manera.


                  Aunque,  en  aras  de  la  justicia,  Néstor  tenía  que

            reconocer  que,  para  una  adolescente  como  Clea,  el


            tribuno  debía  resultar  un  hombre  muy  apuesto.

            Aventajaba en altura a la mayoría de sus soldados, su

            rostro era agraciado y caminaba con la elegancia de un


            Apolo  andante.  Se  le  notaba  superior  a  los  demás  y

            convencido de esa superioridad, pero, aun teniendo en

            cuenta que el enemigo natural del soldado siempre es


            el oficial que le manda, a sus subordinados no parecía

            caerles demasiado mal.


                  Como se suponía que Néstor no entendía el latín,


            los soldados hacían muchos comentarios al alcance de

            sus  oídos,  y  aunque  manejaban  varios  insultos  para


            referirse  a  Gayo  Julio,  cuando  comentaban  «hijo  de

            puta, qué arrogante es» lo hacían con admiración. La

            disciplina a que los sometía el tribuno era broncínea.


            Pese  a  que  cada  día  cubrían  etapas  de  cerca  de

            doscientos estadios, cuando se detenían para pasar la

            noche no les permitía un segundo de reposo hasta que


            el  campamento  quedaba  organizado.  Y  aunque  se



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