Page 295 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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de vida que le quedan al mundo fornicando y bebiendo

            como locos?


                  Nadie  se  rió,  ni  siquiera  el  propio  Peucestas.  La


            cabeza del cometa abandonó por fin el disco de la Luna,

            pero su larga cabellera seguía atravesándola como una


            flecha.  Euctemón  volvió  a  inclinarse  sobre  la  mesa,

            miró la clepsidra y dijo:


                  —El cometa Ícaro ha hecho su tránsito sobre la Luna

            en media hora.


                  Al despedirlos, Alejandro insistió en que no dijeran


            nada.


                  —Si es verdad que las estrellas son divinas, tal vez

            el  dios  que  guía  al  cometa  Ícaro  decida  cambiar  su


            curso para que se pierda de nuevo en el cielo —dijo.


                  —Eso es im...


                  —¡Cállate, Euctemón! —rugió su hermano.


                  Lisanias  comprendió  el  temor  del  ateniense.  Si

            Euctemón  amenazaba  con  divulgar  lo  que  se  había


            hablado allí aquella noche, el rey podía hacerlos matar

            a ambos.


                  Pero  Alejandro,  que  se  había  recuperado  de  su


            breve crisis, agarró a Euctemón por los hombros y le

            miró a los ojos. Era obvio que el ateniense se sentía muy


            incómodo en esa situación, pues movía la barbilla hacia

            los  lados  en  tirones  nerviosos,  como  si  una  fuerza


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