Page 906 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 906

El propio Alejandro tomó el papiro, lo quemó con

            la lámpara, lo tiró al suelo y después lo pisoteó hasta


            que sólo quedaron cenizas.


                  —Aquí muere la profecía sobre mi muerte. Es obvio

            que las predicciones de este libro no se han cumplido.


            —El rey levantó la cabeza y miró a los demás—. No

            encontraremos  respuestas  en  los  Libros  Sibilinos.

            Vámonos.


                  Después, a solas en la alcoba de la casa de Escipión


            y Julia, donde se había alojado, Néstor pensó que él sí

            había encontrado respuestas en aquel libro. No era una

            falsificación,  lo  sabía.  El  lacre,  el  polvo,  la  tinta,  la


            propia textura del papiro: todo aquello hablaba de una

            antigüedad mucho mayor que el resto de los libros que


            habían visto en el arcón. Tal vez aquel papiro fuese uno

            de los textos originales de la Sibila. Si era así, ya sólo

            quedaban dos.



                  El Alejandro del que hablaba el libro era el mismo

            que  él  había  conocido  en  Babilonia.  La  profecía  era

            correcta: ese Alejandro borracho, soberbio y violento


            habría  muerto  envenenado  si  Néstor  no  hubiese

            aparecido entonces.


                  El  Libro  Sibilino  no  contaba  con  él,  simplemente.

            Era como si Néstor ni siquiera hubiese llegado a existir,


            o como si la mirada profética que escrutaba el futuro

            no  lo  alcanzase.  Qué  extraño  que  él,  que  había


                                                              906
   901   902   903   904   905   906   907   908   909   910   911