Page 901 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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No fue necesario que Mirmidón recurriera a su
cuchillo. Del mismo modo que se había dejado
manipular de buen grado por Papirio para perjudicar a
Gayo Julio, Sempronio se dejó ahora intimidar por
Alejandro. El decenviro los condujo a los sótanos del
templo por una escalera con los escalones desgastados
tras siglos de uso. Allí estaba la caja de piedra donde se
guardaban los libros, más bien un sarcófago. Entre
Peucestas y Mirmidón levantaron la tapa, y Sempronio
les mostró el interior a la luz de una lámpara de aceite.
Si bien la leyenda decía que allí se guardaban tres
libros escritos en hojas de palmera, encontraron
muchos más, y en todo tipo de materiales. Había
papiros, cortezas de árbol, dípticos de cera, tablillas de
barro cocidas, pieles de vaca y placas de oro grabadas.
Alejandro se desesperó pensando que allí no habría
forma de encontrar nada útil. Sempronio le explicó cuál
era el procedimiento que seguían ellos.
—Nos encomendamos a las sortes.
—¿Qué significa eso? —preguntó Alejandro.
—Aquel de nosotros que va a consultar cierra los
ojos, mete la mano en el arcón, coge un libro al azar y
luego, sin abrir aún los ojos, planta el dedo en un pasaje
que luego se lee en voz alta.
El rey asintió, pensativo. Después se volvió hacia
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