Page 902 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Néstor y le dijo:


                  —Prueba tú.


                  —¿Yo? ¿Qué tiene mi mano de especial?


                  —Eres mi talismán. Seguro que me traes fortuna y


            encuentras un consejo que me ayude a decidir el curso

            que deben seguir mis actos. ¡Ánimo!


                  Néstor se sentía un tanto ridículo, pero cerró los ojos

            y metió el brazo en el arcón. Una vez dentro, empezó a


            remover,  apartando  objetos  entre  sus  dedos  y

            buscando el fondo. Estaba muy abajo, y al tocar la fría


            piedra el dedo se le enganchó en un anillo. Tiró de él y

            resultó estar unido a una cadena que a su vez estaba

            unido a un rollo de papiro lacrado.



                  El decenviro puso cara de extrañeza.


                  —Nunca había visto ese libro.


                  Néstor sopló y salió una nube de polvo. El sello se

            desprendió con facilidad, sin necesidad de romperlo,

            de puro viejo que era. Después desplegó el rollo con


            mucho cuidado para que no se resquebrajara.


                  —Lisanias,               por         favor          —dijo           Alejandro—.

            Acompaña fuera a nuestro anfitrión.



                  —¡No tienes derecho a esto! ¡Soy el decenviro para

            las cosas sagradas!


                  —Llévatelo, por favor.




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