Page 905 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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montañas de Lucania. O también cuando hubiese
hallado las huellas recientes del desastre de su familia
en el mismo lugar donde su tío Alejandro, rey del
Epiro, encontró la muerte.
»Y hablamos de un Alejandro que aún no nadaba en
la abundancia, algo que asimiló peor que ninguna
persona. Seguramente al venir a Italia se habría
parecido más a Darío que al propio Alejandro, y habría
traído un ejército no macedonio, sino persa. Me
avergüenzo al descubrir en un monarca de tal talla el
refinado lujo, los cambios de indumentaria, el afán de
ver tumbados por tierra a los aduladores. ¿Y qué decir
de cuando dio muerte a sus amigos en mitad de los
banquetes, y de su vanidoso empeño en fabricarse una
estirpe? ¿Qué habría pasado si su afición al vino se
hubiese vuelto aún más acuciante y su...?»
Alejandro le interrumpió. Incluso a la escasa luz del
sótano, se le veía blanco como el lino.
—No sigas leyendo, Néstor.
—¡Es una sarta de patrañas! —exclamó Peucestas,
indignado—. Esto lo acaba de escribir algún farsante.
Déjame que le ponga la mano encima a ese
Sempronio...
—¿Quieres que vuelva a guardar el libro? —
preguntó Néstor. —De ninguna manera. Dámelo.
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