Page 134 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card


                 Los niños no tenían una perspectiva de largo plazo.

          Pero  si  él  los  cuestionaba  en  este  aspecto,  quedarían


          desconcertados. Sostendrían que ellos sí pensaban en el

          largo plazo. Solo que no entendían cómo el «largo plazo»

          se aplicaba a sus decisiones inmediatas.


                 Y era natural. Aprenderían a moderarse y controlarse


          tal como siempre aprendían los niños, al tropezar con la

          conducta  inmoderada  y  descontrolada  de  otros  niños.


          Pero  entretanto  Bean  temía  por  ellos.  No  le  quedaba

          mucho  tiempo  de  vida.  Constantemente  sentía  sus

          trabajosas palpitaciones; se desvelaba pensando que su


          corazón  estaba  al  acecho  en  su  pecho.  Moriría  mucho

          antes de que tuvieran la madurez suficiente para dominar


          sus impulsos, mucho antes de que hubieran aprendido a

          llevarse bien.


                 Ellos  creían  que  se  entendían  unos  a  otros,  y  en

          muchos sentidos se entendían. Pero ninguno era capaz de


          entender su propio carácter. Eran tan pequeños que aún

          creían  que  el  motivo  que  conocían  era  el  auténtico

          impulso de sus actos. Un adulto podía pensar: No, no diré


          eso, porque en realidad solo siento envidia de él y él no

          ha hecho nada malo. Pero el niño no tenía conciencia de

          la  envidia,  solo  de  la  furia,  así  que  lanzaba  críticas,


          insultos y provocaciones, y el daño era irremediable. Se

          perdía la confianza.



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