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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card
reina. Una vez que la vagoneta estaba dentro de la rueda,
esta empezaba a girar hasta coincidir con la rotación del
ecotat. Entonces se abrían puertas hacia el ecotat, y los
rajos domesticados que había allí las llenaban de babosas.
Cuando cerraban la puerta, la rueda dejaba de
sincronizarse con el ecotat y volvía a unirse a la nave.
El cargamento era otra cuestión. Encima de los raíles
(más cerca del eje que del nivel del piso dentro del ecotat)
había cinco enormes puertas de seis metros cuadrados
que se sincronizaban entre la rueda y el ecotat. Pero al
otro lado de la rueda las cinco entradas daban a una
enorme bodega. Sin rotación, ese espacio carecía de peso.
Así, objetos mucho más largos que la profundidad de la
rueda se podían cargar en las dársenas que rodeaban las
grandes puertas.
La bodega, a su vez, era accesible a través de dos
esclusas aún más grandes. Carlotta hizo que los cascos
tomaran medidas minuciosas, y llegaron a la conclusión
de que el Sabueso podía caber en la mayor de ambas
esclusas.
—Podemos meter la nave en la zona de carga, y luego
trasladarte, sin peso, a través de las puertas de carga al
ecotat —informó Carlotta.
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