Page 87 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card
¿Y qué había obtenido por ello? El apodo de Sergeant,
como si fuera un mero suboficial, alguien jamás
destinado al mando.
Sin embargo, Cincinnatus soportaba el apodo y el
desdén de los demás. Perseveraba en su camino,
recordando que el Gigante había sufrido un desprecio
mayor cuando era el niño más pequeño de las calles de
Rotterdam, y luego, cuando era el más pequeño de la
Escuela de Batalla. El Gigante me pone a prueba. Le
demostraré que nada me doblega y nada me quebranta.
El Gigante siempre había consultado a los otros dos,
a Ender en genética, a Carlotta por la nave. Cincinnatus
había sido abandonado a su suerte. Y se había
desesperado. Había intentado descifrar, a partir del
silencio, lo que el Gigante quería de él. Había llegado a la
conclusión de que el Gigante no creía que fuera posible
revertir la Clave de Anton. El Gigante había fracasado en
esta última misión. Como un romano que fracasara en
una gran empresa, solo le restaba sentarse en la tina y
cortarse una vena. Salvo que esa no era la tradición del
soldado. Un gran soldado habría pedido a otro soldado
que lo atravesara con una espada para morir como en el
campo de batalla.
Así pensaba Cincinnatus. Pero al parecer se había
equivocado.
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