Page 88 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card
¿Y cómo no iba a equivocarme?, le había gritado en
silencio al Gigante. Nunca me has hablado, nunca me has
dicho lo que querías, he seguido tu camino tan
atentamente que podría repetir de memoria cada batalla
que libraste. Pero me has dejado a oscuras. Me has dejado
sin ninguna pista de que valorases mi persona o mi tarea.
Me has dejado tan solo como estabas tú en las calles de la
ciudad.
Cuando Ender le partió la nariz y le lesionó el cuello
(y pudo haberlo matado), Cincinnatus se desesperó. Se
sentía como el hijo pródigo, que había reclamado su
herencia y la había dilapidado, y ahora era un mero
sirviente en la casa del Gigante.
Solo entonces, en el punto más bajo de su vida joven
y desperdiciada, el enemigo asomó en el horizonte.
Entonces el Gigante buscó a su heredero militar y lo
ungió. ¡Claro que será él quien cree nuestras armas! Claro
que será él quien se prepare para la guerra.
Y Cincinnatus estaba preparado. Ya había planeado
cómo transformar en armas casi todos los elementos de la
nave. Había creado los programas que apuntarían las
toberas de escape de plasma para freír cualquier cosa que
se acercara a la Heródoto. Había creado programas para
transformar el motor de fusión en un ariete que formaría
un campo de desintegración molecular capaz de
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