Page 191 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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montar la propia cabeza era algo que Lin, por suerte, no había

            experimentado desde hacía años. El sexo por diversión entre

            hembras era un asunto comunitario y tumultuoso, pero con

            cierto  ritual.  Las  señales  de  flirteo,  rechazo  y  aceptación
            entre individuos o grupos eran tan formales como una danza.

            No había ni rastro del erotismo nervioso de los humanos.


                Lin se había sumergido lo bastante en la cultura humana

            como  para  reconocer  la  tradición  a  la  que  recurría  Isaac

            cuando  paseaban  juntos  por  la  ciudad.  A  ella  le  había

            encantado  el  sexo  con  su  propia  raza  antes  de  su  ilícito
            romance,  e  intelectualmente  se  burlaba  de  los  inútiles  e

            incomprensibles tartamudeos que oía de los humanos en celo

            por toda Nueva Crobuzon. Pero, para su sorpresa, a veces

            sentía en Isaac el mismo compañerismo tímido e incierto... y

            le gustaba.

                Había  crecido  la  noche  anterior,  mientras  recorrían  las

            frías calles hacia la estación y atravesaban la ciudad hacia

            Galantina. Uno de los mejores efectos, por supuesto, era que

            la  liberación  sexual,  cuando  al  fin  se  hacía  posible,  era

            mucho más intensa.

                Isaac la había agarrado al cerrar la puerta y ella le había

            devuelto  el  abrazo,  rodeándolo  con  sus  brazos.  La  lujuria

            llegó de inmediato. Ella lo apartó de sí, abrió el caparazón y

            le pidió que le acariciara las alas, lo que él hizo con dedos

            trémulos.  Le  hizo  esperar  mientras  disfrutaba  de  su

            devoción, antes de arrastrarlo a la cama. Giró con él hasta

            que lo dejó tumbado de espaldas, momento en el que se quitó
            la  ropa  y  tiró  de  la  de  Isaac.  Lo  montó  mientras  él  le

            acariciaba el duro cuerpo superior, mientras recorría con sus

            manos el cuerpo femenino, sus pechos, aferrando sus caderas




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